La máxima de este momento es:
Aprenderse el texto. Sin ninguna duda, sin momentos de delicadeza, dejando de lado cualquier tipo de sentimiento. Leyendo y leyendo, una y otra vez, sin buscar enfasis, ni darle ningun tipo de matiz. Sólo lectura. Pura y dura. Nada de cuestiones psicológicas, nada de intento de entender el por que de las cosas, el cuando, el como... Sólo lectura. Algo díficil, por el hecho de que los actores venimos de escuelas que de alguna manera pervienten el proceso de aprendizaje más natural. El del tiempo y el espacio. Suele ser que a la hora de ensayar o representar hay una fecha límite, un lugar designado y unos actores estresados. El proceso creativo debería ser como lo estamos planteando. Al ritmo del actor. Sin gritos, sin pausas, sin analisis. Entender al personaje como persona, darle el valor y la dignidad de una persona.
Por eso creo necesario darle la importancia al texto. Un autor dramático suele escribir una coma por algo. Por eso sería una falta de respeto saltarse esas comas. Los puntos, las intenciones, las preguntas. Claro está que un texto está vivo, y por lo tanto habrá frases que necesiten ser acortadas, o intenciones que necesiten darle una exclamación para que se pueda entender. Aunque yo soy de la opinión de que el texto debe ser respetado cien por cien.
El primer día trabajamos sobre sillas. Leyendo texto, una y otra vez. Hay un momento durante los ensayos que los actores dudan de sus capacidades. Dudan del texto, dudan del director, y dudan hasta de su propia vegija. Una serie de inseguridades que espeta al director a armarse de paciencia y darle una dosis de autoestima al actor.
Ocurrió durante uno de esos días. En un momento dado, la actriz encargada era incapaz de decir la primera frase. Fue curioso por que la frase iba acompañada de una especie de canto. No por que el autor lo dijera, pero si por que el canto es el canto de la rutina. Sabemos como es el entrar a casa cualquier día de compras o de la semana. Pero la actriz tenía un pequeño ataque de ansiedad. Y era incapaz de entender ese hola. Es justo en ese momento cuando el director debe darse el tiempo suficiente como para mirar a la actriz y dejarla descubrir su error. Ese día, nos costo dos horas que entendiese por que el principio debe ser una rutina, y como la repetición no es más que un canto que tenemos los seres humanos en nuestro día a día.
Otro tipo de problemas son los movimientos escénicos. Partimos de la base que al tratarse de literatura dramática no podemos incluir actividades parasitarias. Si la actriz, en este caso, tuviera que estar enfadada, o para ser más exactos, llena de furia, no podría por ejemplo ponerse a coser. Si podría, pero no sería la opción que integraría mejor el movimiento natural de las acciones organicas. Como dice John Strasberg, el escenario te poner trampas cuando hay algo que no encaja. Y como yo veía que la actriz que no encontraba empece a hablarle. Y ella, se escondió. Detrás del texto. Comenzó a pasar las hojas por no bajar del escenario y darme un bofetón. Algo maravilloso con el contexto de la obra. Entonces el actor recibió la orden: "Dale texto". Y ella, al ser una actriz inteligente, siguió con lo que le daba el actor. Encontramos una acción que se movia de algo organico. Claro está que la obra está marcada por mí en todas partes. Podría decirle a la actriz hasta como mover la respiración. Pero: ¿Qué creación hay por parte del actor en ese momento? Ninguna, está claro. Por eso permito hasta cierto punto la libertad actoral, bajo un punto de vista externo.
¿Cual es el motivo de la actuación? ¿Por qué buscamos respuestas? ¿Por que se juntan actores, directores y dramaturgos en escena? ¿Por qué tratamos de llegar al público? ¿Por catarsis? ¿Por empatía? ¿Y si no somos capaces de llegar?
Las dudas vienen de todas partes. Estamos llenos de miedos y de inseguridades. Generados por opiniones ajenas, y externas que nos hacen cuestionarnos y dejar de prestar atención a lo que yo considero lo más importante. La intuición.
Por eso muchas veces me he negado a dar mi opinión. Es una manera de no dejar vivir. De asfixiar esperando a ser aceptado. Por eso no le digo nada a los actores. Sólo si han hecho un buen trabajo o si ha sido menos bueno. ¿De que serviría? Cuando lleguen a sus casas, si les ha afectado el trabajo continuarán machacandose hasta dar con el quid. ¿Para que gritar? ¿Para que ridiculizar? ¿Para que hacer sentir mal?
Desde luego el trabajo debe ser como con un niño. Le das un juego y le dices normas, y luego el niño hace lo que bien puede, o lo que le da la gana. ¿para que martirizarle?
Seguiremos en otro momento.
domingo, 27 de mayo de 2012
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