La soledad del director y su enfrentamiento al escenario vacío.
Díficil es entender una figura tan emblemática y la vez tan escondida como la del director. Sus ya de por si conocimientos deben llevar una dosis infinita de paciencia. No se suelen cumplir los horarios, el concepto padre-director es un vigencia dentro de la cabeza de los actores, la idea no se suele cumplir con la realidad y está llevado en volandas por productores, iluminadores, escenografos que lo intentan arrastra a un fango de complicaciones técnicas, económicas y espirituales.
Se puede tratar de hablar de un director desde dentro. Pero sólo aquel que se ha enfrentado al escenario vacio sabe perfectamente lo solo que puede llegar a sentirse. El intervalo entre que él llega y que llegan los actores y demás componentes del grupo es quizás uno de los momentos de más reflexión, más dudas y preguntas puede generar la ya de por si maltrecha cabeza.
No es mediático como los actores, si se quita de la cabeza los complejos mesiánicos y por supuesto el trabajo está tan mal reconocido como el de los autores, pero a estos aún les queda su orgullo, su trabajo hecho en papel u ordenador. Terminar una obra, representarla y ver como un grupo de 30 personas en un aforo de 400 aplauden timidamente puede desequilibrar hasta el más honesto y valiente director.
Hoy, descanso para los actores (en este empleo, claro) y trabajo para el escenógrafo. Como creo que ya he comentado vamos a reducir los colores, por la tendencia de la obra, y vamos a reducir al máximo posible la luz. De momento estamos trabajando con 5 lámparas de 75 w máximo. Para rellenar un espacio que necesita unos 6000 w, vamos a tratar de llevarlo a cabo.
Pronto empezaremos a tener fotos, y lanzaré mis opiniones al respecto.
martes, 29 de mayo de 2012
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